El Cantar de Roncesvalles


Del Cantar de Roncesvalles sólo se conserva un fragmento de unos 100 versos. Según los estudios de Menéndez Pidal, todo el Cantar tendría una longitud original de 5.500 versos y su argumento sería el siguiente: Carlomagno conquista toda España salvo Zaragoza; viene acompañado de Roldán –hijastro de Ganelón, el traidor que se entiende con Marsín, rey moro de Zaragoza. De regreso a Francia, encarga la retaguardia de su ejército a Roldán, que es sorprendido por los moros en Roncesvalles, donde se libra una indecisa batalla en la que intervienen, además de los héroes, Reinaldos, Baldovinos y Beltrán, personajes desconocidos en la Chanson de Roland. La temeridad heróica de Roldán y Reinaldos hace retroceder a los moros que, rehechos, vuelven al ataque. Turpín exhorta al ejército francés y Roldán corta el brazo derecho de Marsín, que huye. Los moros organizan otra vez sus filas y lanzándose sobre los franceses, los van matando poco a poco. Al ver la magnitud del desastre, Roldán tañe su trompa pidiendo auxilio a Carlomagno. Después mueren Oliveros y Reinaldos. Cuando los moros sienten la venida del emperador, huyen. Turpín bendice a los muertos y Roldán les rinde los últimos honores; sin embargo, se siente morir sin golpes ni heridas y, al llegar Carlomagno, persigue a Marsín. De nuevo en Roncesvalles, Carlomagno buscaría a sus allegados entre los cadáveres –versos conservados en el poema español–; regresaría a Francia para enterrar allí a los muertos y doña Alda, esposa de Roldán, moriría en el sepelio del héroe. El fragmento español es el planto de Carlomagno por la pérdida de su sobrino.

El Cantar de Roncesvalles, escrito a comienzos del siglo XIII en castellano, no es heredero directo de la tradición poética de la Chanson de Roland, puesto que hay elementos en él no presentes en la Chanson (muerte de Reinaldos, alusión al camino de Santiago, etc.); el Roncesvalles tampoco es heredero de otras tradiciones de la épica francesa, como el Pseudo-Turpín, puesto que hay elementos en el Roncesvalles no presentes en Turpín (Roldán no muere de heridas, Marsín no es muerto por Roldán, el arzobispo Turpín sucumbe en la lucha). Menéndez Pidal llega a la conclusión de que, no derivando el Cantar de Roncesvalles de la Chanson, "el Roncesvalles español no debió tener presente el Turpín, sino todo lo más las mismas leyendas que inspiraron el Turpín, o bien otras análogas." El Cantar de Roncesvalles es pues, un desarrollo original de la materia épica en la literatura española. Tomando como punto de partida, la historia de Roldán, en la Península Ibérica adquirió un personalidad propia, apartándose de las tradiciones galorrománicas. La leyenda que inspiró el Cantar de Roncesvalles pudo venir a través de Provenza en el siglo XII. La independencia de la tradición del Cantar de Roncesvalles en la Península se vio confirmada con la aparición de la "nota emilianense", una glosa del siglo XI en un manuscrito del X. Esta nota es incluso anterior a cualquiera de los poemas franceses, y se trata de la etapa más arcaica de la ficción literaria.

En la era 816 (año 778), Carlo(magno) llegó a Zaragoza. El tenía doce sobrinos, cada uno de los cuales tenía 3000 caballeros con sus peones. Sus nombres eran Roldán, Bertrán, Roger, Guillermo, Oliveros y el obispo Turpín. Cada uno de ellos servía al rey un mes con su séquito. Aconteció que el rey paró con su ejército en Zaragoza. Después de un tiempo, los suyos le aconsejaron que reuniera muchas provisiones para que el ejército no muriera de hambre, o si no, regresar a casa. Esto último fue hecho. Al rey le pareció bien que, para el bien de los hombres del ejército, Roldán, un fuerte guerrero, y los suyos fueran en la retaguardia. Roldán fue matado por las gentes sarracenas cuando el ejército pasaba el puerto de Sicera en Roncesvalles.


Cantar de Roncesvalles

[Después de la sangrienta derrota de su retaguardia, Carlomagno lamenta sobre el cadáver de Turpino, arzobispo de Reims, en el campo de Roncesvalles]


1. raçonóse con ella, como si fuese bivo:
2. «Bueno pora las armas, mejor pora ante Jesuchristo,
3. »consejador de pecadores e dar... tanto ...da...
4. »el cuerpo priso matirio por que le... dino
5. »¨Mas quién aoncseyará este viejo mesquino,
6. »que finca en grant cuita con moros en periglo!»

7. Aquí clamó sus escuderos Carlos el enperante:
8. «Sacat al arçebispo desta mortaldade!
9. »Levémosle a su tierra a Flanderes la ciudade.»
10. El enperador andava catando por la mortaldade;
11. Vido en la plaça Oliveros o yaze
12. el escudo crebantado por medio del braçale;
13. non vio sano en éll quanto un dinero cabe;
14. tornado yaze a orient, como lo puso Roldáne.
15. El buen enperador mandó la cabeça alçare
16. que la linpiasen la cara del polvo e de la sangre.
17. Como si fuese bivo, començólo de preguntare:
18. «Digádesme, don Oliveros, cavallero naturale,
19. « dó dexastes a Roldán? digádesme la verdade.
20. »Quando voz fiz conpanneros diéstesme tal omenaje
21. »por que nunca en vuestra vida no fuésedes partidos máes
22. »Dizímelo, don Oliveros, dó lo iré buscare?
23. »Yo demandava por don Roldán a la priesa tan grande.
24. »Ya mi sobrino, dónt vos iré buscare?»

25. Vío un colpe que fizo don Roldáne:
26. «Esto fizo con cueyta con grant dolor que aviáe.»
27. Estonz alçó los ojos, cató cabo adelante,
28. vido a don Roldán acostado a un pilare,
29. como se acostó a la ora de finare
30. El rey quando lo vido, oít lo que faze,
31. arriba alço las manos, por las barbas tirare,
32. por las barbas floridas bermeja salía la sangre;
33. essa ora el buen rey oít lo que diráde,
34. diz: «Muerto es mio sobrino, el buen de don Roldáne!
35. »Aquí veo atal cosa que nunca vi tan grande;
36. »yo era pora morir, e vos pora escapare.
37. »Tanto buen amigo vos me soliádes ganare;
38. »Por vuestra amor arriba muchos me solián amare;
39. »pues vos sodes muerto, sobrino, buscar me an todo male.
40. »asaz veo una cosa que sé que es verdade:
41. »que la vuestra alma bien sé que es en buen logare;
42. »Mas atal viejo mezquino, ¨agora que faráde?
43. »Oi é perdido esfuerço con que solía ganare.
44. »Ai, mi sobrino, non me queredes fablare!
45. »Non vos veo colpe nin lançada po que oviésedes male,
46. »por esso non vos creo que muerto sodes, don Roldáne.
47. »Dexamos vos a çaga donde prisiestes male;
48. »las mesnadas e los pares anbos van alláe
49. »con vos, e amigo por amor de a vos guardare!
50. »Sobrino, ¨por esso non me queredes fablare?
51. »Pues vos sodes muerto, Fançia poco vale.
52. »Mio sobrino, ante que finásedes era yo pora morir máes.
53. »Atal viejo meçquino, qui lo conseyerade?
54. »Quando fui mançebo de la primera edade,
55. »quis andar ganar preçio de Francia, de mi tierra natural[e];
56. »fuime a Toledo a servir al rey Galafre
57. »que ganase a Durandarte large;
58. »ganéla de moros quando maté a Braymante,
59. »dila a vos, sobrino, con tal omenage
60. »que con vuestras manos non la diésedes a nadi;
61. »saquéla de moros, vos tornástela alláe.
62. »Dios vos perdone, que non podieste máes!
63. »Con vuestra rencura el coraçón me quiere crebare.
64. »Salíme de Françia a tierra estranna morare
65. »por conquerir proveza e demandar linaje;
66. »acabé a Galiana, a la muger leale.
67. »Naçiestes, mi sobrino; a diezesiete annos de edade,
68. »fizvos cavallero a un preçio tan grande.
69. »Metím al camino, pasé ata la mare,
70. pasé Jerusalem, fasta la fuent Jordane;
71. »corriémos las tierras della e della parte.

72. »Con vos conquís Turquía e Roma a priessa dava.
73. »Con vuestro esfuerço arriba entramos en Espanna,
74. »matastes los moros e las tierras ganávas,
75. »adobé los caminos del apostol Santiague;
76. »non conquís a çaragoça, ont me ferió tal lançada.

77. »Con tal duelo estó, sobrino, agora non fués bivo!
78. »Agora plogués al Criador, a mi sennor Jesuchristo,
79. »que finase en este logar, que me levase contigo
80. »dizir me ias las nuevas, cada uno como fizo.»
81. El rey quando esto dixo, cayó esmortecido.
82. Dexemos al rey Karlos fablemos de ale,
83. digamos del duc Aymón, Pedro de don Rinalte.
84. Vido yazer su fijo entre las mortaldades;
85. despennós del cavallo, tan grant duelo que faze,
86. alçóli la cabeça, odredes lo que diráde:
87. «Fijo, vuestras mannas, ¨qui las podriá contare?
88. »que cuerpo tan caboso omen non vió otro tale.
89. »Vos fuérades pora bivir, e yo pora morir máes!
90. »Mas atal viejo mezquino siempre avrá male.
91. »Por qué más me conuerto por que perdoneste a Roldáne.
92. »Finastes sobre moros, vuestra alma es en buen logare!
93. »¨Quí levará los mandados a vuestra madre a las tierras de
Moltalbane?»
94. El duc faziendo su duelo muyt grande,
95. veniáli el mandado que yaziá esmortecido el emperante.
96. Mandó sacar el fijo de entre las mortaldades.

97. Veniá el duc Aymón, e ese duc de Bretanna
98. E el caballero Belart, el fi de Terrín d'Ardanna;
99. vidieron al rey esmortecido do estava,
100. prenden agua fría, al rei con ella davan.

Texto según la ed. de Ramón Menéndez Pidal.
Revista de Filología Española 4 (1917):105-204.

Odysseas Elytis

ODYSSEAS ELYTIS nació en Heraklion, Creta, el 2 de noviembre de 1911, y murió en Atenas, como él mismo alguna vez la describió, “entre Heráclito y Píndaro” (por las dos calles entre las cuales se encontraba su casa), el 18 de marzo de 1996. Sin duda uno de los más grandes poetas escultor del lenguaje griego, Elytis fue una de las figuras más notables de la poesía mundial en el siglo XX. En su obra, la poesía modernista europea se fusiona con la gran tradición literaria griega para producir una voz lírica altamente original.

Su nombre verdadero era Odysseas Alepoudhelis, otro hijo de una familia de industriosos comerciantes originarios de Lesbos. Pocas veces un nombre como este se anticipaba al genio que estaba por nombrar: Odiseo, el navegante héroe del poema homérico, vivo por su espíritu de libertad, con desafiante intrepidez, empresa, y un apetito insaciable de aventuras y experiencias sensoriales que solo un mar como el griego puede ofrecer. Odiseo es el nombre que le dieron sus padres al recién nacido que sería poeta. Atestigua al pasado y conecta al niño con los mitos de la cultura griega. Se trata de una familia de estirpe antigua, de las islas Egeas. El joven Odiseo vivirá un acontecimiento histórico que cambiará el curso de la historia de su patria: nace poco después que su isla es liberada del dominio turco.

¿Por qué Elytis? Es una pregunta que nunca sobra. Odysseas, muy temprano en su vida, abandona el apellido Alepoudhelis y adopta el de Elytis. Elytis es un nombre compuesto: alude a varios conceptos que son el universo del corazón del futuro poeta: se trata sin duda alguna de una especie de manifiesto, más poderoso que si hubiera escrito muchas páginas de uno. Los componentes del apellido Elytis, que no adopta sino rescata como suyo, son las palabras por Grecia (Ellas), esperanza (elpídha), libertad (elefthería) y la mujer mítica que es la personificación de la belleza, la sensualidad erótica y la grandeza femenina, Helena (Eléni). Eros y Heros así se conectan al mundo poético de Elytis.

Odysseas Elytis se involucró con el movimiento francés surrealista en la década del 30 del pasado siglo, atraído por la afirmación surrealista de la sensación y el «yo» inconsciente, su rechazo a las formas tradicionales y aquellas aún más rígidas en boga en su momento de la expresión lírica. Defensor del verso libre, desechó las formas comunes del verso con sus reglas al considerarlas como “barcas que solo contienen el más heterogéneo material”. Creía que el contenido poético determina la invencible forma, y además, que la rima solo sirve para “arrullar” y dar “placer superficial”. Sin embargo, Elytis no adoptó las libres asociaciones y la escritura automática tal cual la había proclamado André Breton. El suyo, por supuesto, es un leve y controlado surrealismo, la sintaxis en sus poemas no se viola y, gracias a su talento, la yuxtaposición de imágenes es coherente y muy placentera. Estas calidades están expresas en sus primeros poemarios (Orientaciones de 1939 y Sol primero de 1943), cuyos versos son alegres y radiantes al celebrar el paisaje griego como un mundo ideal de disfrute sensual y pureza moral. Los mares azules y los cielos celestes, la luz explosiva, las islas del Egeo con sus casitas blancas y las rocas desnudas, los olivos y los grillos, las ánforas antiguas y las ruinas, el verano bien arriba al mediodía y el viento etesio definen la escena donde la vida se libera y triunfa, mística y llena de significados.

Este libre funcionar del «ser» del hombre contra todas las contenciones impuestas por las convenciones morales, sociales y estéticas, como la creación de “un campo del corazón abierto”, es la deuda que paga el joven Elytis al surrealismo. No obstante, como alguna vez lo dijo, él jamás se puso al servicio del surrealismo: el surrealismo estuvo a su servicio. En 1940, Elytis fue llamado en grado de teniente segundo y estuvo en el frente albano, donde el ejército griego verificaba la invasión emprendida por Italia. Su experiencia de la guerra marcó el despegue desde una atmósfera soleada y feliz de su obra de juventud para colorear su largo poema “Canto Heroico y Fúnebre por el Subteniente caído en Albania” de 1943. El lenguaje figurativo aún retiene la riqueza y la osadía de antes, las metáforas inesperadas y las imágenes sorprendentes, pero el tono general es de lamento, aunque a veces orgulloso, y el contexto mucho más amplio: el poeta se identifica con un teniente perdido y la voz que se lamenta es la voz de una nación que sufre.

El intento de Elytis por identificarse con su nación y hablar por él mismo y todos a la vez, llega a su cenit con “Axion Esti” de 1959, su obra principal y más ambiciosa. Este es el Bildungsroman poético de Elytis, una composición en tres partes de una estructura formal intricadísima, con la que se propuso presentar la conciencia moderna de Grecia a través del desarrollo de un narrador en primera persona, que simultáneamente es el poeta mismo y la voz de su país. También, es una interpretación del mundo al ser una válida proclama de fe en lo que debería ser. Sus tres partes están llamativamente llamadas “Génesis”, “La Pasión” y “La Gloria”, y culmina en la glorificación de todas las cosas efímeras, lo que es «Axion», es decir, “lo valioso”, en “este pequeño, este Mundo Grande”.

La teoría poética de Elytis al involucrar “la visión de las cosas”, ampliamente fue agotada en su obra. Como señaló al dirigirse a la Academia Sueca en 1979, “además del lado físico de los objetos y la habilidad para percibirlos en cada uno de sus detalles, también está la habilidad metafórica para hacernos a su esencia y darles tal claridad, que su significado metafísico también logra mostrarse.” En “Axion Esti”, estas ideas se materializan poéticamente.

La obra posterior de Elytis se compone de diez poemarios y un número interesante de ensayos. Impresionantes como son, están “A Monograma” (1972), un logro en la tradición lírica europea del amor y “Las Elegías de Oxópetra” (1991), que reúne muchos de los más difíciles y profundos poemas de nuestros tiempos. Es significativo que en estos poemarios maduros el tono de la voz lírica ya no es tan jovial. La melancolía, la reflexión y el ánimo solemne gradualmente prevalecen, aunque la fe del poeta en el poder de su imaginación y la verdad artística (una creencia que acerca a Elytis a los Románticos) se mantiene inalterada.

En toda su poesía, Elytis hace énfasis consistentemente en la inocencia primaria del hombre, desechando de tajo la culpa y el Destino, y profesa en ella la redentora calidad de la luz, “el sol de Justicia”. Elytis siempre criticó la vulgaridad de la sociedad contemporánea y su refundación de la cultura; asimismo, mostró la posibilidad de una relación distinta con las cosas de este mundo. Corrigió nuestra lectura de la naturaleza y el concepto del amor; reformuló los dictados esenciales, fundamentales, mínimos al menos, de la vida, al insistir que la Historia podía escribirse siempre de nuevo. También, reafirmó a su modo la máxima de Shelley de que los poetas son legisladores no reconocidos del mundo.

En su arte poético, Elytis restauró la elevada expresión romántica de un modo moderno y convincente, dio fresco vigor a la metáfora (que hoy parece ya muy desgastada por las malas prácticas de algunos), las imágenes y la aliteración, y creó sus propias formas de versificación, que muchos hoy siguen. Sobretodo, trajo a la poesía griega la claridad y perspicacia que no se había visto desde Solomos. Ardiente apologista de la vocación del poeta, Elytis nunca dejó de explorar el rol de la poesía en estos tiempos materialistas y superficiales que corren, y es quizá apto concluir esta apreciación al citar una frase concisa que alguna vez lanzó sobre los objetivos de su poesía:

Considero a la poesía como una fuente inocente llena de fuerzas revolucionarias. Es mi misión dirigir estas fuerzas contra un mundo que mi conciencia no puede aceptar, precisamente como es traer ese mundo por las continuas metamorfosis a la gran armonía de mis sueños. Me refiero al tipo contemporáneo de magia que lleva al descubrimiento de nuestra verdadera realidad… En la esperanza de lograr mayor libertad de todos los apremios y la justicia que se identifique con la claridad absoluta, soy un idólatra quien, sin quererlo así, casi toco la santidad Cristiana.

«Helena» (Ελένη) de Yorgos Seferis

HELENA: No he pisado jamás Troya. Era sólo un espectro.
SIRVIENTE: ¿Cómo? ¿Dice que solo estuvimos muriendo por una quimera ?”

Eurípides, «Helena»


«Los ruiseñores no te dejan dormir en Platres.»

Tímido ruiseñor que entre el respiro de las hojas
brindas el alivio musical del bosque
a los cuerpos fatigados y a las almas
de quienes se sabe no regresarán.
Ciega voz que buscas tentando en la noche del recuerdo
pasos y gestos, diría casi besos
y el amargo tormento de la indómita sierva.

«Los ruiseñores no te dejan dormir en Platres.»

¿Quién es Platres? ¿Quién conoce esta isla?
He pasado mi vida oyendo nombres desconocidos:
nuevos lugares, nuevas locuras de personas
o deidades.
Mi destino que ondea
entre la espada de un Ayante
y otra Salamina
me trajo aquí a esta playa.
La luna
vino del mar como Afrodita.
Ahora cubre los astros del Arquero y va por
el corazón de Escorpión y todo cambia.
¿Dónde está la verdad?
Yo fui también un arquero en la guerra.
Mi destino, el de un hombre desatinado.

Melodioso ruiseñor,
en una noche como esta en la playa de Proteo
te escucharon las esclavas de Esparta y rompieron en lamentos,
y entre ellas, ¿quién creerás? ¡Helena!
A quien perseguimos tantos años junto al Escamandro.
Estaba allí, en los labios del desierto. Me acerqué a ella y me habló:
«No es verdad, no es verdad», exclamó.
«Jamás subí a la nave de azulada proa;
mucho menos he pisado la valiente Troya».

Con los pechos profundos, el sol en el cabello, y ese porte
todo sonrisas y sombras
en los hombros en los muslos en las rodillas,
piel radiante y ojos
con pestañas largas,
estaba allí, a la orilla de un Delta.
¿Y en Troya?
Nada en el espectro de Troya.
Los dioses así lo quisieron.
Y París, tumbado con una sombra como si estuviera viva.
Y nosotros fuimos muriendo por Helena durante diez años.

Un enorme dolor había caído sobre Grecia.
¡Tantos cuerpos arrojados
a las fauces de la mar y a las fauces de la tierra!
¡Tantas almas
lanzadas a las piedras del molino como el trigo!
Y los ríos arrastraban en el lodo la sangre
por un cimbreo ondulante, por una nube,
por un tremolar de mariposa, por la pluma de un cisne,
por una túnica vacía, por Helena.
¿Y mi hermano?
Ruiseñor ruiseñor ruiseñor,
¿qué es dios? ¿que no lo es? ¿y qué hay entre lo uno y lo otro?

«Los ruiseñores no te dejan dormir en Platres.»

Avecilla llorosa,
a Chipre besada por las aguas
que me ha hecho recordar a mi patria
llegué solitario con esta leyenda,
si es cierto que es una leyenda,
si es cierto que los hombres no caen
en el viejo engaño de los dioses.
Si es cierto
que otro Teucro en unos años,
o un Ayante o un Príamo o una Hécuba
o un cierto desconocido, anónimo que no obstante
haya visto un Escamandro repleto de despojos,
no esté predestinado a escuchar
los mensajeros que vienen a decirle
de ese dolor inmenso y tanta vida
que se fue al abismo
por una túnica vacía, por Helena.

TRADUCCIÓN DEL GRIEGO DE © 2008, MAX VERGARA POETI

© Herederos de Yorgos Seferis

****************************************************************

ΕΛΕΝΗ: Ουκ ήλθον ες γην Τρωάδ' , αλλ' είδωλον ήν.
ΑΓΓΕΛΟΣ: Τι φής; Νεφέλης άρ' άλλως είχομεν πόνους πέρι;
ΕΥΡΙΠΙΔΗΣ,«ΕΛΕΝΗ»

"Τ' αηδόνια δε σ' αφήνουνε να κοιμηθείς στις Πλάτρες''.

Αηδόνι ντροπαλό, μες στον ανασασμό των φύλλων,

σύ που δωρίζεις τη μουσική δροσιά του δάσους

στα χωρισμένα σώματα και στις ψυχές

αυτών που ξέρουν πως δε θα γυρίσουν.

Τυφλή φωνή, που ψηλαφείς μέσα στη νυχτωμένη μνήμη

βήματα και χειρονομίες. δε θα τολμούσα να πω φιλήματα.

και το πικρό τρικύμισμα της ξαγριεμένης σκλάβας.

"Τ' αηδόνια δε σ' αφήνουνε να κοιμηθείς στις Πλάτρες".

Ποιες είναι οι Πλάτρες; Ποιος το γνωρίζει τούτο το νησί;

Έζησα τη ζωή μου ακούγοντας ονόματα πρωτάκουστα:

καινούργιους τόπους, καινούργιες τρέλες των ανθρώπων

ή των θεών.

η μοίρα μου που κυματίζει

ανάμεσα στο στερνό σπαθί ενός Αίαντα

και μιαν άλλη Σαλαμίνα

μ' έφερε εδώ σ' αυτό το γυρογιάλι.

Το φεγγάρι

βγήκε απ' το πέλαγο σαν Αφροδίτη.

σκέπασε τ' άστρα του Τοξότη, τώρα πάει να 'βρει

την καρδιά του Σκορπιού, κι όλα τ' αλλάζει.

Πού είναι η αλήθεια;

Ήμουν κι εγώ στον πόλεμο τοξότης.

το ριζικό μου, ενός ανθρώπου που ξαστόχησε.

Αηδόνι ποιητάρη,

σαν και μια τέτοια νύχτα στ' ακροθαλάσσι του Πρωτέα

σ' άκουσαν οι σκλάβες Σπαρτιάτισσες κι έσυραν το θρήνο,

κι ανάμεσό τους-ποιος θα το 'λεγε-η Ελένη!

Αυτή που κυνηγούσαμε χρόνια στο Σκάμαντρο.

Ήταν εκεί, στα χείλια της ερήμου. την άγγιξα, μου μίλησε:

"Δεν είν' αλήθεια, δεν είν' αλήθεια" φώναζε.

"Δεν μπήκα στο γαλαζόπλωρο καράβι.

Ποτέ δεν πάτησα την αντρειωμένη Τροία".

Με το βαθύ στηθόδεσμο, τον ήλιο στα μαλλιά, κι αυτό

το ανάστημα

ίσκιοι και χαμόγελα παντού

στους ώμους στους μηρούς στα γόνατα.

ζωντανό δέρμα, και τα μάτια

με τα μεγάλα βλέφαρα,

ήταν εκεί, στην όχθη ενός Δέλτα.

Και στην Τροία;

Τίποτε στην Τροία-ένα είδωλο.

Έτσι το θέλαν οι θεοί.

Κι ο Πάρης, μ' έναν ίσκιο πλάγιαζε σα να ήταν πλάσμα

ατόφιο.

κι εμείς σφαζόμασταν για την Ελένη δέκα χρόνια .

Μεγάλος πόνος είχε πέσει στην Ελλάδα.

Τόσα κορμιά ριγμένα

στα σαγόνια της θάλασσας στα σαγόνια της γης.

τόσες ψυχές

δοσμένες στις μυλόπετρες, σαν το σιτάρι.

Κι οι ποταμοί φουσκώναν μες στη λάσπη το αίμα

για ένα λινό κυμάτισμα για μια νεφέλη

μιας πεταλούδας τίναγμα το πούπουλο ενός κύκνου

για ένα πουκάμισο αδειανό, για μιαν Ελένη.

Κι ο αδερφός μου;

Αηδόνι αηδόνι αηδόνι,

τ' είναι θεός; τι μη θεός; και τι τ' ανάμεσό τους;

"Τ' αηδόνια δε σ' αφήνουνε να κοιμηθείς στις Πλάτρες".

Δακρυσμένο πουλί,

στην Κύπρο τη θαλασσοφίλητη

που έταξαν για να μου θυμίζει την πατρίδα,

άραξα μοναχός μ' αυτό το παραμύθι,

αν είναι αλήθεια πως αυτό είναι παραμύθι, αν είναι αλήθεια πως οι άνθρωποι Δε θα ξαναπιάσουν

τον παλιό δόλο των θεών.

αν είναι αλήθεια

πως κάποιος άλλος Τεύκρος, ύστερα από χρόνια,

ή κάποιος Αίαντας ή Πρίαμος ή Εκάβη

ή κάποιος άγνωστος, ανώνυμος που ωστόσο

είδε ένα Σκάμαντρο να ξεχειλάει κουφάρια,

δεν το 'χει μες στη μοίρα του ν' ακούσει

μαντατοφόρους που έρχουνται να πούνε

πως τόσος πόνος τόση ζωή

πήγαν στην άβυσσο

για ένα πουκάμισο αδειανό για μιαν Ελένη.

La intraducible poesía de Elytis

HACE POCO, creí que, tras verificar las regulares traducciones en español de la poesía de Odysseas Elytis (Οδυσσεας Ελυτης), encontraría quizá algo más preciso en inglés. Y lo pensé, porque finalmente el inglés se impone como lengua universal por estos tiempos, y como la primera lengua del mundo, supone que tiene la carga mayor de responsabilidad sobre lo que se publica en esa lengua. De cualquier modo, mi hallazgo fue desconsolador. Las traducciones son pésimas, incluso peores que en castellano. Y en francés permanece dicha irregularidad.

Realmente, la poesía de Elytis es sin duda, intraducible a otras lenguas, y cuando se logra es con mucha dificultad. Una de los principales problemas, a mi juicio, es la calígine que todavía persiste (y que daría mayor claridad eventualmente) debido a que aún no existe un diccionario de conexiones culturales griegas con las palabras griegas y su significado. Y el problema radica aquí pues la poesía de Elytis es extremadamente rica en significados. Frecuentemente, está construída a partir de hondas connotaciones semánticas y referencias sutiles, muchas de las cuales no existen en algunos idiomas (como en el inglés), y en cuanto a otros, es difícil precisarlas por las posibilidades (como en el español) que nos ofrecen.

Una de las cosas que más me llamó la atención fue el manejo del adjetivo griego “νοητός” (pronunciado 'noeetos'). Si se busca un diccionario, se verá que “νοητός” significa "inteligible". Pero realmente cuando se usa o se conecta “νοητός” con "inteligible", se destruye el poema. Y aquí va mi explicación:

En muchos idiomas (y lo verifiqué en mi amplísimo repertorio de diccionarios de todas las lenguas), es imprecisa o demasiado rígida la traducción de “νοητός”. Y esto lo sabe quien habla, escribe y comprende el griego.

El sustantivo “Νους” en griego significa "casi" perfectamente "mente". Y el "casi" tiene más negativos que positivos. Creo incluso que aproximarme a esta traducción de “Νους” es irresponsable. Ahora bien, el adjetivo “Νοητός” (mente + la sílaba "τός") significa "lo que se ve en la mente" o "lo que puede ser concebido o visualizado por la mente". Por ello, "ser Νοητός" es muy diferente a ser "inteligible", que a su vez es comprensión o entendimiento.

Elytis escribió en Αξιον Εστί (Axion Esti) los siguientes versos:

Της δικαιοσύνης Ήλιε νοητέ
Και εσύ μυρσίνη, δοξαστική
Μη παρακαλώ σας, μη
Λησμονάτε τη χώρα μου

Generalmente, haciendo un análisis comparado de las traducciones en inglés, español, alemán, francés e italiano, puedo concluir esta traducción como demostrativa de los errores:

"Inteligible sol de la justicia y tú no,
glorificador mirto,
te imploro no te olvides de mi patria"

Una traducción más aproximada a la riqueza poética y lingüística de Elytis, sería esta:

"Sol Arcano de Justicia, concebido por la mente
y tú, oh mirto, mirto portador de gloria
yo te imploro: quiera que no
te olvides de mi patria"

Estos versos reúnen toda la fuerza y sentido del original. Así, como queda comprobado, y fue el caso reciente de otros versos, que de por sí son aún más difíciles de traducir por su carácter retórico (y me refiero a Joseph Brodsky), que expongo este otro caso:

"Freedom
Is when you forget the spelling of the tyrant's name
And your mouth's saliva is sweeter than Persian pie,
And though your brain is wrung tight as the horn of a ram
Nothing drops from your pale-blue eye."

Varias traducciones, han acogido fórmulas bastante obstructivas y destructoras (en los peores casos) al clavetear juntas las palabras de estos versos de "A Part of Speech" (Parte de la oración). Y este es el pésimo resultado de las dos primeras líneas, en la reciente edición de Galaxia Gutenberg, Antología Poética, bajo la curaduría de Ricardo San Vicente (y que tradujo él):

"La libertad es
no recordar entero el nombre del tirano, "

Hay varios elementos que ingresan a este verso para destruirlo: incluso, me atrevo a decir, que la coma al final es innecesaria, una pausa completamente innecesaria y que rompe con las metáforas bastante particulares que Brodsky en adelante nos plantea. Una traducción más aproximada, sin arruinar la calidad retórica de estos versos, sería, más o menos, sin comprometerme del todo:

"Libertad
es cuando olvidas el nombre del tirano..."

Ahí, se puede comparar la fuerza de los versos con su original "Freedom / Is when you forget the spelling of the tyrant's name". Ahora, en inglés, aparece como refuerzo "the spelling of the tyrant's name"... "Spelling" como deletrear, o más preciso, "las letras del nombre del tirano". Sin embargo, me parece obvia y superflua la precisión en castellano. En inglés, precisa el olvido completamente abarcándolo de raíz. En castellano me parece que el absoluto "olvidar" lo dice todo. Incluso, no es necesario complementar el verso de "Libertad / es cuando olvidas el nombre del tirano", pues nadie olvida parcialmente algo, particularmente "dañino". O se olvida o no se olvida. Hay un imposible que plantea Brodsky en estas líneas: olvidar lo que no se puede olvidar. El tirano, que causa heridas. Y esto se comprueba cuando ldos líneas después nos dice:

"And though your brain is wrung tight as the horn of a ram"

Lo que indica que hay marcas, heridas, que son más mentales que físicas. Por lo tanto, lo que Brodsky planteaba era algo que podría llamar la "utopía del olvido". No es fácil olvidar, porque no es posible. Solo sería posible si sobreviniera la amnesia, pero también habría que ver de qué grado de olvido se trata, porque hay varios niveles de memoria. Y aquí vengo con una nota personal: quien escribe diarios, lo hace, generalmente, si es conciente de ello, porque desea registrar los aspectos buenos, positivos, de su tránsito particular por esta vida. ¿Por qué lo bueno? Porque lo malo nunca se olvida. Y aquí enlazo con el ejemplo de Brodsky, y especialmente, con el mensaje subyacente. Cuando el poeta nos confirma luego que "y aunque tu cerebro es estrujado cual cuerno de carnero" (no como dice en la traducción que cito de San Vicente: "y, aunque estrujen tu cerebro", pues no se trata de una situación 'hipótetica' sino de un hecho que, precisamente, ya es un hecho), nos dice todo. Por lo tanto, por ello una traducción correcta es la que propongo. Además, al iniciar los versos como "La libertad es", se pierde el carácter casi estridente que el mismo Brodsky le dio en inglés ("Freedom is"): aquí, una vez más, su carácter retórico, no es el poeta que dice un verso, sino el poeta que se ve nuevamente defendiéndose de un juez soviético imaginario, o de cualquier otro ícono de represión (sea o no humano), y su "Freedom is" suena casi a pupitrazo. Por ello, en español, la forma correcta sería "Libertad", sin el verbo "es" inmediatamente después, ya que así, al quedar "Libertad" sin compañía de otra palabra, se reafirma su absoluto, que en inglés es perfecta "Freedom is". Y hay que tener en cuenta que esa expresión "Freedom is" también equivale a "La Libertad es por sí misma" y no solamente "la Libertad es". En inglés muchas cosas tienen diversas posibilidades de significados. Igualmente ocurre, creo, con toda la poesía en general, en cualquier idioma. En muchas partes de este poema de Brodsky comentado "Part of Speech", luchan "absolutos" contra "imposibles". Y un traductor serio, debería tener en cuenta el contexto más allá de lo semántico y gramático para producir una óptima traducción al menos 51% más cerca del original (creo que de allí una traducción jamás pasa, dudo que exista una traducción fiel al 99%).

Como queda claro, la traducción poética no es para cualquiera, pero se obtienen mayores resultados cuando quien hace la traducción es un óptimo lingüista y estudioso, o un excelente poeta.

El Nacimiento de la Literatura Griega

LAS PRINCIPALES formas y temas del primer periodo incluyen los escritos de corte académico y las canciones épicas populares que celebran a los nuevos campeones del Helenismo, el joven guerrero Armouris y Digenis Akritas, defensor del Imperio Bizantino; y las largas composiciones, los versos románticos que llevaron el sello de la influencia de la tradición Occidental, pero un género de cualquier modo brotado del Helenismo y las épocas de la Roma Imperial. Las historias antiguas que revivieron las figuras míticas e históricas como Aquiles y Teseo y Alejandro Magno aparecieron, como los textos didácticos y sardónicos en el campo de la filosofía y la alegoría de la vida, con pájaros y animales que se tornaban en los personajes principales. Pero éstos también comprueban ser el soporte de la literatura griega contemporánea, modificado siglo tras siglo según los valores estéticos de cada época. Este período se inicia en el siglo XI d.C. con la caída de Constantinopla. Dicha literatura se desarrolló a través del mundo griego, pese a que el mundo cultural y académico era sin duda Constantinopla. Allí fue donde comenzó todo, donde todo se planificó y donde todo se desarrolló, y también el lugar donde el vetusto Imperio Bizantino terminó: Constantinopla, el verdadero centro cultural del mundo, muy por encima de Roma.
El cuerpo entero de esta literatura, tanto erudita como popular, ha sobrevivido los tiempos en el griego hoy hablado, en el que se refleja el eco de la antigua palabra “lexis” (dicción). En este lenguaje que ha sobrevivido todos los tiempos, quedan residuos lingüísticos de épocas pasadas que no se han perdido. El corpus literario de esta época, escrito completamente en versos dominados por la línea yámbica de quince sílabas, sigue siendo aún el canon métrico de Grecia por excelencia. Aunque estamos familiarizados con ciertos nombres literarios del periodo, no existe una sola figura que por sí misma prevalezca sobre los demás. Las personalidades solo surgirían mucho después.

El término “literatura griega moderna”, tan usado para describir la producción literaria griega en su idioma vernáculo durante la era Bizantina y post Bizantina, es una impropiedad, sin duda. Y esto porque con cultivar la lengua vernáculo necesariamente no se marca el nacimiento de una nueva tradición literaria que se basa en los niveles estilísticos “altos” y “medios” que deben mucho a los modelos clásicos. En vez de ser el punto de surgimiento de una nueva literatura, emerge y crece paralelamente a la tradición griega existente. La práctica convencional de rastrear los orígenes o despertares de una conciencia moderna griega específica hasta esos ejemplos tempranos del uso literario del idioma vernáculo no debe presentar tantas confusiones. El contexto cultural dentro del que las primeras obras se crearon era, sin dudas, Bizantino. El primer grupo de tales obras se remonta principalmente al siglo XII: poemas satíricos como el Ptochoprodromika, el poema moral Spaneas, los versos didácticos y autobiográficos escritos en su celda por Michael Glykas, una oración en verso para la Princesa Acnes de Francia, y un puñado de muestras de poesía heroica como la Canción de Armouris y la épica Digenis Akritas, componen las obras de incalculable valor de los siglos XI y XII.

Es extremadamente difícil, en estas obras, remontarse incluso de manera embrionaria, a algún tipo de conciencia griega moderna que pueda diferenciarse ampliamente de la identidad e ideología bizantina. Complejo como sea, una conciencia griega moderna en la literatura solo puede localizarse un poco más adelante en la cronología. Por ello, debe saberse que cuando se hable de literatura griega “moderna” en cuanto a las primeras obras en idioma vernáculo durante la era bizantina, se usa en pos de la conveniencia para describir la forma lingüística de nuestros textos en vez de asociarlo con una conciencia nacional particular sobre la literatura, o la literatura misma. La gran mayoría de las obras literarias de esta época sobrevivieron en el anonimato. Más aún, ha sido difícil darles fecha a muchas de ellas. La manera proteica como sobrevivieron hasta nuestros días no ayuda. Algunas se conservaron en manuscritos, y cada una de éstas con una substancial variación o variaciones imperdonables de su original. Este fenómeno también fue común en el Occidente medieval, debido a los métodos por los cuales los textos se copiaban y luego masificados en la era del manuscrito. Durante el proceso de copia de un texto se alteraba o poco o mucho según el escriba, debido a su grado de ignorancia o su desinterés, o incluso algunas veces por la deliberada intervención de un redactor. Esto se explica en parte ya que en el Medioevo las nociones de originalidad, estilo personal y propiedad intelectual eran muy distintas a las que tenemos hoy. De cualquier modo, las diferencias entre varias versiones existentes de un texto también pueden mirarse desde la tradición oral de la composición poética. La oralidad, esto es, la técnica de la improvisación oral que se basa en el sistema tradicional de fórmulas correspondientes a unidades métricas y conceptos particulares poéticos, constituye una herramienta de composición que, aunque no cuente completamente con el auxilio de la escritura, no obstante influencia las técnicas de la composición escrita. Algunos sistemas característicos de fórmulas las asimila la tradición escrita y contribuyen a la creación de un estilo tradicional que exhibe, amplia o estrechamente, características más comúnmente asociadas con la poesía oral.

El Ptochoprodromika, un poema bellísimo que no se encuentra por internet en su versión preservada e íntegra, tiene líneas que son por sí solas un hito de la literatura bizantina de la que surge la literatura griega. El narrador, evidentemente un poeta y estudiante sin dinero, envidia la vida de sus vecinos que son ricos sin necesidad de una educación (artesanos, comerciantes), y maldice (a su modo) el día que su padre le exigió que se educara. Su frustración al ver que, la educación, no produce tantas riquezas, después de todo. La tercera parte, es en estos términos:
Cuando todavía era yo joven, mi padre me dijo:
Sólo busca verte prosperar y aprende tu abecé.
Verás tú al tipo, mi hijo, que solía a veces caminar –
Pues ahora monta un magín de mula gorda como puerco…
Al comenzar la escuela – ¡solo piensa! – nunca vio un baño
Y ahora – ahora, tres por semana moja su precioso… cuerpo”.
[…]
Así que estudié mis lecciones y me esclavicé y leí.
[…]
¡Ah por poco de comida, migajas, mira mis lágrimas!
¡Maldigo los días que fui al colegio, maldigo los años perdidos!
[…]
¡Que el diablo se los lleve, que vayan juntos al infierno
y maldito el día que me enviaron al colegio!
¡A aprender, dijeron, mi abecé, de lo que ganaría bien…!
[…]”

Homenaje a la literatura griega

La redacción de Adentro y Afuera inaugurará, a partir del próximo 18 de febrero de 2008, un ciclo de lecturas breves dedicadas a la Literatura griega, la gran literatura universal, específicamente su poesía. Incluso el más oscuro poeta griego hoy se considera miembro de la misma comunidad literaria y lingüística de Homero. La historia de la literatura griega se coextiende a la historia del idioma griego, y el idioma es el campo principal en el que la memoria colectiva, la formación de un pueblo y su propia imagen propia se reafirma y desarrolla. La lírica griega, desde la Antigüedad, es riquísima en muchos aspectos, y su producción y calidad completamente desproporcionada para una nación de 20 millones de hablantes de aquel idioma precioso en todo el mundo. Y dado el tamaño de esta obra común, podría parecer difícil de presentarla. Lo primero que debe hacerse, para abordar un patrimonio de tal tamaño hasta nuestros días, es restaurar los grandes periodos (pero muy poco conocidos en el mundo) de las letras griegas (como el periodo Medieval), hasta darles aquí suficiente luz y posición.
Las percepciones de la literatura griega fuera de Grecia, en gran medida, reflejan percepciones de “grecisco” o “greco”. Si “calidad de literario” es un problema común a todas las literaturas nacionales del mundo, es particularmente problemático en el caso griego. La universalidad de la humanidad y del lenguaje humano (por extensión a la literatura) no puede marcar por sí mismo una identidad nacional a la literatura. Imposible, pues tal identidad solo puede surgir a través de la Historia, lo que muchos países hispanoamericanos y en otras latitudes olvidan: la Historia como experiencia colectiva, la Historia como sujeto de escritura y la Historia como fuente de inspiración. La Historia, el idioma y la literatura contribuyen en igual medida a la formación de una reserva cultural unificada, completa.
En vista de esto, el problema central de la literatura griega puede verse principalmente en la relación entre la universalidad de lo que autentica y la autenticidad de la experiencia local y particular; y en segundo lugar, al fijar una identidad griega entre los polos culturales de Occidente y Oriente. La identidad griega se posa precariamente, en un frente periférico: europeo, balcánico, mediterráneo. De cualquier modo, esta identidad nacional y su relación con Occidente no pueden adecuadamente contenerse en conceptos como el Oriente, o algunas apropiaciones injustas e imprecisas como “orientalismo”. Mucho menos, puede hablarse de un ismo con respecto a los Balcanes, o la más amplia visión etnográfica al bañarse Grecia en el Mar Mediterráneo. La relación de este “grecisco” o carácter de “griego” con Occidente se basa, casualmente, en una eterna búsqueda de autenticidad, legitimidad, pues el sello de “literatura griega” como tal abarca tanto los textos antiguos hasta Grecia como la cuna del Racionalismo Occidental y los escritos del Nuevo Testamento. Esta sangre noble de un país hoy muy atrasado frente a sus vecinos europeos, funciona como un campo magnético en los horizontes entre los que se coloca la producción literaria de Grecia.
Para el público que no habla griego o no lee en griego, la literatura moderna de Grecia es casi un tema oscuro. Lo cierto es que esta literatura fresca, especialmente la poesía, presenta un talante diverso y dinámico que comparte características precisas con la literatura europea general mientras al tiempo guarda otros aspectos que merecen atención e interés de parte de los estudiosos y admiradores de la literatura griega. El futuro de la lírica de la tierra de Homero es prometedor y hoy bastante prolífico. El pasado se extiende atrás a muchos siglos, pasado en el que gradualmente lo “greco” se mezcló con la tradición bizantina y, más temprano aún, con la Antigüedad. Un par de poetas del siglo pasado, Cavafis, Seferis, Kazantzakis, Elytis y Ritsos son autores familiares fuera de Grecia, pero para ciertas y muy estrechas audiencias. Y la literatura griega algunas veces da la apariencia de estar marcada por vacíos, omisiones, por la impresión de que la continuidad se interrumpió irrevocablemente en algún punto, y que el presente carece de un pasado o al menos coherencia en el tiempo. Dicho esto, generalmente quienes tienen nociones, aceptan que la historia moderna de la literatura griega comienza en el siglo XI con textos escritos en un idioma que es más familiar en los oídos griegos del siglo XXI que el idioma de los literatos bizantinos, los compiladores de los Evangelios y, por supuesto, los autores clásicos de los siglos V y IV antes de Cristo. Y se trata de un idioma que siguió hablándose y modelándose en los siglos siguientes, sufriendo algunas temporadas de escasa producción literaria, y en otras épocas regalando hitos auténticos a la literatura universal.
La crónica de la literatura griega o, poniéndolo de otro modo, la historia de Grecia vista desde la perspectiva de sus libros y escritores, es el propósito de cualquier reconstrucción que se haga de esta bellísima cultura, y combina así la atracción académica y el análisis narrativo.
Hoy, aparte de los dos ganadores del Premio Nobel de Literatura (Seferis y Elytis), las obras de los demás maestros griegos pasan desapercibidas. Especialmente, en el caso griego, resulta vital el conocimiento de su lengua, puesto que incluso las traducciones populares en castellano de Seferis, Cavafis, Elytis y Ritsos son demasiado imprecisas y erróneas. De algún modo, los versos, que en su griego original son imponentes, con plumas doradas como águilas, en otros idiomas se presentan bastante desplumados y muy broncíneos. Lo que reitera, una vez más, el carácter intraducible de la poesía, este arte tan delicado y claramente tan superior.
En las entregas semanales, Adentro y Afuera pretende rendir un homenaje a la cultura griega, presentándole al lector los momentos cumbre de esta literatura tan especial, y ponerlo en contacto con los hombres y mujeres que dieron forma literaria a la lengua Griega. Así, se busca describir, lentamente, las cualidades del arte poético griego, sus instantes de innovación y originalidad, como reiterar su lugar en la tradición literaria europea y más aún, en la tradición universal. Al lector conseguir para sí el verdadero sentido de la profundidad histórica y perspectiva desde la que se ha desarrollado esta literatura, apreciando uno a uno sus hitos, entonces los hijos legítimos de Polimnia no habrán fallado en su objetivo final. Grecia, en libros y escritores, es el fruto de una labor colectiva de inmenso valor. Adentro y Afuera así presentará el panorama de la literatura griega que ha sido pasada por alto en mucho tiempo, como también, iluminará un poco más la comprensión de los poetas griegos conocidos en todo el mundo, pero que pertenecen a un tronco común, y a unas ramas especiales, momentos, de la poesía de un gran país.

Dos pesimistas existenciales

Introducción
A la una de la tarde de un jueves de mediados de octubre de 1973, luego de que los miembros de la Academia Sueca confirman su decisión, el secretario permanente Karl Gierow se dirige al salón de siempre en el piso alto del Börshuset, la antigua bolsa de Estocolmo, para poner cara a varias docenas de periodistas ansiosos, pese a su disgusto por la unánime elección tomada ya por sus colegas. Frente a las cámaras y grabadoras de bolsillo, libretas y plumas, Gierow lee el nombre del afortunado ganador del Premio Nobel de Literatura, la mención oficial y luego las versiones correspondientes en tres idiomas. En el ambiente yermo del salón, un traductor australiano rompe el silencio ante la sentencia y eufórico aplaude. Una ola de comentarios, un rugido sordo oscila entre los presentes, pero finalmente las luces se apagan y la nube rápidamente se dispersa. Gierow se retira, apenas disimulando su desdén. La fortuna que debió caer sobre su candidato, el estadounidense Saul Bellow, será aplazada hasta 1976. White llevaba cuatro años como finalista. De dieciocho, un voto había salvado la gloria de Australia en las letras universales; el del poeta sueco Harry Martinson que, desde su lecho de hospital y a pesar de su negativa de escoger entre Bellow y su rival, aclaró la decisión: «Sin embargo, ¿por qué no otorgamos el premio a la nueva tierra de Australia?». Del otro lado del mundo, en Sydney, los relojes marcan las nueve de la noche en la víspera de la inauguración de la Opera House por Isabel II. El bullicio de las últimas noticias de Europa embate la modesta casa sobre Martin Road, la residencia del escritor laureado, con sus olas huracanadas. Solo una ventana proyecta un haz de luz sobre el muy bien cuidado jardín, alguno de los perros ladra y, cuando un periodista se atreve a llamar a la puerta, la luz se desvanece en el silencio misterioso de la noche. Desde el otro lado de un cristal, en penumbras, Patrick White cuenta los primeros veinte “intrusos” que acampan inesperadamente en su parque, rodeando la casa para esperar una señal. Hay una sensación de escándalo que lo asusta y lo molesta, nunca ha sido un hombre público. En silencio, se desliza por las escaleras y sin encender una sola bombilla acepta lo inevitable. A solas, se sirve un vaso de güisqui y espera. Sobre sus hombros ha caído la capa de la inmortalidad.
En 1983, igual suerte corrió el maestro de gramática del viejo Cornwall, ese condado sureño en forma de punta que sobresale del lado occidental de Inglaterra, último bastión de los celtas, o como dicen por Plymouth, «the beautiful frame around a plain picture». William Golding tenía 72 años entonces. El día que se enteró que había ganado el Premio Nobel de Literatura se dirigió hasta un pueblo cualquiera huyendo de la prensa. Allí, sin darse cuenta, estacionó su coche en un lugar prohibido, lo dejó por un momento y cuando regresó encontró un boleto pegado en el parabrisas. Una guardián de tráfico, de aspecto juvenil, se le acercó. Con el dedo, apuntó la señal de prohibición. Acaso no sabe leer?, le dijo. Tímidamente, Golding se subió en su coche y anduvo unos cuantos metros hasta el lugar donde se plantaban dos policías del condado. Les preguntó si podía dirigirse directamente al Ayuntamiento y pagar su fianza de inmediato. “No, señor”, le dijo el más viejo de los dos; “no es el procedimiento”. Amistoso, el policía le indicó cómo elaborar el cheque por diez libras y a quién dirigir el pago. “En el sobre, escribe la misma dirección del Clerk to the Justices, pega una estampilla de seis peniques y lo envía por correo.” Sin embargo, lo que siguió Golding no se lo esperaba. “Y a propósito, reciba nuestras felicitaciones por haber ganado el Premio Nobel de Literatura”.
Dos anécdotas donde es claro el temor de estos hombres por la prensa, vidas coincidentes en muchos aspectos, especialmente en el plano literario, donde ambos escritores sobresalieron en sus temas del aspecto negativo humano. Por ejemplo, a Golding, desde 1958, poco después de la aparición de su primera novela tras fracasar como poeta, la crítica británica lo había llamado “pesimista”, título que compartiría con White en la literatura anglosajona de la segundad mitad del siglo XX. Sin embargo, Golding logró darse a conocer más que White en Hispanoamérica, presuntamente por la motivación que traería la concesión del primer premio literario del mundo a Gabriel García Márquez apenas un año antes que la suerte recayera sobre él, mientras White jamás sería traducido y reeditado al castellano después de los setenta (incluso en inglés ya se archivó).
El interés de este ensayo es esbozar los paralelismos entre la obra del uno y el otro, resaltando la importancia tópica de su prosa en conjunto, para iluminar los aspectos aparentemente sombríos en la literatura de cada uno.

Golding: escritor de oscuras fábulas y mitos
William Golding ganó la cuña de “pesimista existencial” porque jamás dejó de confesar que el hombre es un ser malo por naturaleza. En sus conclusiones filosóficas, no son los sistemas ni la política las que crean maldad, sino el hombre, capaz de producirla como la abeja la miel. Esta nueva idea surge en el escritor tras sus experiencias como combatiente (primero a bordo del HMS Galatea en el Atlántico Norte, luego en la invasión a Normandía) naval durante la segunda guerra mundial, cuando el mundo fue testigo del más grande despliegue de la maldad jamás visto. Golding, un filósofo acertado de los tiempos modernos, veía la naturaleza como un ecosistema autosuficiente, tal como lo revela en su novela “The Inheritors” (Los Herederos, 1955), donde el Homo Sapiens destruye al hombre de Neandertal abusando de su situación de inferioridad. Sin embargo, su tema principal fue el pecado original del hombre, su relación e influencia con la civilización, un pecado que no puede ser extirpado porque el hombre en sí es corrupción, su naturaleza es dejarse tentar y caerse.
En ningún momento Golding hizo uso directamente de las concepciones religiosas para soportar sus argumentos. No obstante, en su concepción, la civilización se hace indispensable para los hombres, la sociedad, no en la estela de Hobbes, ni tomando completamente a Bossuet y la Santa Escritura (lo que recuerda a Aristóteles) sobre la idea del «hombre hecho para vivir en sociedad», por cuanto el preceptor del Delfín veía la sociedad establecida con tantos lazos sagrados pero violada y destruida por las pasiones; entonces es aquí cuando surge una pregunta: ¿y de dónde vienen las pasiones?
El aporte de William Golding desde el enfoque de la literatura es contrario a la creencia de que el hombre es inocente y la sociedad dañina, pero como lo expone en “Lord of the Flies” (El señor de las moscas, 1954), es precisamente ese aspecto organizacional de la sociedad, la imposición de barreras, límites a los hombres (actuantes en su autonomía y libertad), las que son necesarias para mantener su oscura naturaleza bajo control. Es decir, los hombres son naturalmente lobos unos para otros, pero sólo estableciendo parámetros inquebrantables son capaces de evitar la antropofagia.
Estas ideas se acercan mucho a las de un célebre compatriota suyo, las del filósofo John Locke, que expuso la idea que la sociedad nacía producto del consentimiento de los hombres, partiendo de un estado idílico, carente de todas leyes. Es el mundo de la anarquía natural de la propia esencia humana, donde cada cual es juez de su propia causa, rey a su manera, predispuesto siempre a perjudicar por pasión y venganza. Esa es exactamente la historia de “El señor de las moscas”: una vez que las instituciones estabilizadoras de la pasión humana, derivada de esa sociedad natural intrínseca, desaparecen o son ignoradas, los hombres tienden a regresar a la parte más primitiva, y por ende, más oscura de su naturaleza.
William Golding alguna vez se declaró “por naturaleza un optimista, por observación y deducción pesimista”, y no dudó en dejarlo claro en sus demás obras. En el corazón del hombre, el poder del mal es siempre superior al del bien, puesto que aquél es más fuerte y atractivo. De las fuerzas siempre en oposición de las que hablaban los griegos y definían el equilibrio, la justicia, el bien poco convence a las masas y casi siempre estas sucumben a la retórica de la maldad. En este ámbito, la sociedad resulta ser una fina máscara que disfraza al alma salvaje del hombre. “The Spire” (La cúspide, 1964) es quizá una de las novelas más luminosas y positivas del conjunto, y en la cual Golding encuentra finalmente el punto de encuentro entre los dos opuestos metafísicos, por lo tanto consiste en una afirmación: el hombre es la síntesis del bien y el mal, como en Tales, el equilibrio de los estados cuyo resultado es el ser. Esta es la historia de la cúspide soñada por el deán de la catedral (probablemente inspirada en Salisbury), cuyos destellos de inspiración le son proporcionados directamente por Dios, y para lograr su cometido, sacrifica no solo lo mundano sino también lo humano. Evidentemente, los impulsos tras la edificación de la cúspide son tanto la visión religiosa como el orgullo personal: el resultado del esfuerzo acerca las almas de los hombres más a Dios pero el precio humano pagado regresa la obra a su baja naturaleza. “La cúspide” demuestra así la unidad que puede coexistir con su propia paradoja.
Otra de sus novelas, “Free Fall” (Caída libre, 1959), retoma el punto de partida de Tomás Hobbes para demostrar cómo los hombres nacen para lastimarse entre sí, y a sí mismos. Aunque aquí, el tema central es la pérdida de la libertad, y por consiguiente, la libertad de ser bueno. “When did I lose my freedom?”, se pregunta ya en la primera página el protagonista, Sammy Mountjoy, un artista que, tras ser liberado como prisionero de guerra, emerge de su celda como Lázaro de su tumba. En “Rites of Passage” (Ritos de Paso, 1980), Golding regresa al tema de la civilización, esta vez, en la sociedad que surge en un barco que se dirige a Australia a principios del siglo XIX, un microcosmos del conglomerado británico. Aquí, se entreteje un argumento narrado de manera epistolar alrededor de la caída del hombre, la corrupción inherente al poder y la imposibilidad de desclasamiento. Reunidas las jerarquías en unos cuantos hombres, Golding arremete contra los sistemas sociales en cuanto a la culpa y el pecado, ya que todos son verdaderamente culpables por la acción u omisión de uno de sus hombres. Esta novela ofrece quizá uno de los apartes más ilustrativos de la obra de Golding, cuando Talbot, el personaje central, reflexiona con el capitán del feo y anticuado barco acerca del mar. Cuando Talbot pregunta al capitán qué es lo que él agradece a los océanos, más que el espectáculo inusual de “Arte Pictórico” evidente, este responde: “La capacidad que tienen de aislarlo a uno de sus congéneres”. El barco, como una cárcel de la que ninguno puede escapar y que genera su propio sistema dinámico organizacional completamente ajeno al del mundo civilizado, resulta el escenario propicio para explorar por ejemplo el peligro, y la capacidad que tiene para atenuar los rigores sociales.
Darkness Visible” (La oscuridad visible, 1979) es la novela de la crueldad humana, que evita el extremo lado sanguinario y sádico para demostrar los aspectos de exteriorización más simples de esta. Dado su aspecto moral, en cuanto a los personajes son en su mayoría antisociales (marginados de la organización por sus desgracias), la novela se asemeja finalmente a “Moll Flanders” de William Defoe, a pesar de que esta fue escrita con la idea de arrepentimiento cristiano, y no la de criticar y satirizar. El personaje central, un huérfano londinense desfigurado tras los bombardeos durante el Blitz, sufre y sobrevive en un mundo cruel, en parte por los complejos que ha sembrado la misma sociedad en su interior, en parte porque resulta su naturaleza más ingenua y primitiva. Y es en este punto donde coincide con “The Inheritors”, en cuanto el hombre se degrada sometido tan solo a sus instintos, distinta a la teoría del paleontólogo y novelista finlandés Björn Kurtén, que explicó como los hombres de Neandertal desaparecieron al enamorarse fatalmente de sus vecinos, los físicamente bellos Cro-Magnon.
En Golding, resumiendo, el primitivismo del hombre del cual no se ha podido librar ni podrá acaba siempre por imponerse a la engañosa apariencia de civilización. Sus ambientes literarios son restringidos, casi siempre cerrados: una catedral, una pirámide, un barco. Alguna vez se llamó, en la certitud del cenit de sus años, “pesimista universal pero optimista cósmico”, distinguiendo claramente entre el universo, como la suma del conocimiento empírico del hombre, y el cosmos, como la totalidad de todo lo que existe, incluyendo a Dios y al hombre. En sus novelas, Golding investiga la presencia innata del mal en el hombre tapando la apariencia de civilización. Así concluye la inevitable propensión humana a la maldad, mucho más fuerte que aquella al bien.

El pesimismo existencial de Patrick White
Por muchos años, Patrick White fue el hijo negado de Australia, y a pesar de esta marginalidad inicial, finalmente se impuso y trajo consigo el reconocimiento de la importancia de las letras australianas en el mundo, especialmente en el ámbito de la Commonwealth, donde el país era considerado como el patio de atrás de Gran Bretaña. Sin lugar a duda, como hombre, era un pesimista en todo el sentido de la palabra, a veces rayando en fatalismo. En sus novelas y cuentos, los personajes son siempre extraños, individuos totalmente ajenos a la sociedad, siempre paradójicamente inhumana, hostil. Porque fue en estos marginados, que el escritor puede discernir las calidades humanas primordiales, reconociendo el mal, pero encontrando salvación para sus almas torturadas en la humildad y la humillación, el sacrificio por el bien, en últimas. La religiosidad de White resulta bastante atípica en la medida que deslinda las cuestiones existenciales, místicas y sicológicas del rigor de la ortodoxia de los dogmas y creencias, a pesar de inspirarse en parte en el misticismo Judío-Cristiano y las filosofías del panteista Eckhart, Schopenhauer, el psicoanalista Carl Jung, Buber y Blake.
La actitud pesimista de White consiste en que sus exploradores existenciales figuran como simplones inocentes, aislados o alineados, incapacitados mental y físicamente por el entorno que los moldeó y los rechaza, pero que finalmente consiguen un cierto grado de clarividencia (que los demás no ven) tras las duras pruebas cotidianas. En novelas como “Voss” (Tierra Ignota, 1957) y “The Vivisector” (El vivisector, 1970), White muestra como el explorador y el artista, en su búsqueda de la verdad, sufren y hacen que otros sufran.
Acabado de graduarse de Kings en Cambridge, Patrick White publica finalmente su primera novela en 1939, “Happy Valley” (Valle Feliz, 1939), la cual consigue ciertos elogios (es el primero y único argumento real en toda su obra). Ya en ella, la cimiente de su angustia temática se plantea, y la esterilidad de una comarca australiana en la vida de un hombre toma el gemido de una tormenta existencial: sin embargo, este finalmente renuncia al cambio y se doblega ante su comunidad, donde se analiza la futilidad de la felicidad. Australia es, con excepción de la novela “The Living and the Dead” (Los vivos y los muertos, 1941), título tomado del párrafo final de Dubliners, de James Joyce (“…he heard the snow falling faintly through the universe and faintly falling, like the descent of their last end, upon all the living and the dead”), el país de la mente, árida, llana, superficial, que ejemplifica a la misma vez la creencia del escritor que “el estado de simplicidad y humanidad debe ser el único deseable para un hombre”, pues en su mundo no hubo lugar a “conocimiento”, término irracional e intuitivo.
No obstante, White abrió una serie de novelas enormes que solo se terminarían más de treinta años después, apenas algunas antes de su muerte en 1990. La inaugural “The Aunt’s Story (La historia de la tía, 1948), escrita en las cubiertas de los barcos repletos de inmigrantes entre Alejandría y Sydney en la posguerra, toca los temas fundamentales de la humanidad, como la relación entre la locura y la cordura, la realidad y la ilusión, y la búsqueda del hombre, por la cual purga sus pecados no solo suyos sino de sus congéneres, y que lo llevan finalmente a la verdad última, un momento de iluminación final sin que haya un después. Los hombres, a partir de esta novela, se dividen para White en dos bandos: los vivos y los muertos, espiritualmente hablando. Y se trata de una espiritualidad casi religiosa, en la que unos se dirigen a la salvación (sin necesidad de santidad) y los otros a la maldición. Se oponen a los personajes materialistas, aquéllos que a mi comprender pertenecen a la gran vaciedad universal, enraizados en convenciones sociales, valiéndose de la estructura para dañar y depredar. White traza la diferenciación clara entre dos verdades: la realidad de la ilusión y la ilusión de la realidad. El conocimiento es difícil, y por cada poco ganado el hombre paga un alto precio. El tema principal de la locura, en esta novela, se esboza en el brillante epígrafe de la tercera parte, frase de la escritora sudafricana Olive Schreiner: “When your life is most real, to me you are mad”.
Las novelas de White muestran cómo el poder de voluntad, la permanencia, las posesiones y la seguridad deben sacrificarse para que los hombres sean salvados del mundo. Australia, el continente aislado, desértico, es el escenario preciso. Hay algo yermo parecido en la geografía del desierto al espíritu colectivo de las sociedades: y es ahí donde los personajes de Patrick White sencillamente no son compatibles con sus alrededores. En “The Tree of Man (El árbol de la vida, 1955), por ejemplo, una pareja campesina logra entenderse mutuamente y a la vez entender los propósitos de Dios al encontrarse en la periferia de una vida nueva, donde la inteligencia y la bondad son las minúsculas posesiones, al alcanzar la urbanización sus tierras. Así, sin excepción, la vida humana en las novelas de White es descrita como socialmente inhibida (por virtud de la diversidad de la minoría ante el gris montón) y su visión particular de las cosas. Un notable efecto de elitismo contradictorio es logrado cuando su inferioridad exterior y su superioridad espiritual es retratada contra el fondo social de mediocridad y materialismo. El desierto, esta metáfora a la condición humana, no solo asume la inesperada e inusual calidad trágica, sino al mismo tiempo retiene su arquetipo apocalíptico y sus propiedades diabólicas. Tradicionalmente el lugar donde las hondas verdades se revelan, es también un lugar de sufrimiento y penurias. Las enormes distancias que recorre el megalómano explorador Johann Voss ilustran las discrepancias entre la aspiración de la naturaleza humana y la carne terrenal y la aspiración espiritual. Más adelante, en las novelas “The Eye of the Storm” (El ojo del huracán, 1973) y “A Fringe of Leaves” (Una orla de hojas, 1976), el desierto aparecerá en la forma de centro, el interior a todas las posibilidades interpretativas. En “Riders in the Chariot” (El carro de los elegidos, 1961), la más mística de todas sus historias, presenta la necesidad de comprender que la ilustración (en términos estrictamente filosóficos) religiosa o metafísica surge de la simplicidad de la vida, por sí misma, y no puede separarse de ella. Las visiones que colocan a los hombres por encima de los demás llegan incluso en las más inusuales de las mundanas circunstancias. “El carro de los elegidos” inspira su nombre de una cita de William Blake sobre los profetas Ezequiel e Isaías, la carroza o el carro representando a Dios como Gracia Divina, terror destructivo y juicio, mientras la sociedad perversa y cruel figura como culpada de sus crímenes, destinada a la maldición.
Riders” presenta cuatro personajes, es una novela sin argumento, excepto aquel de "sobrevivir y morir", como alguna vez lo dijo. Aparece un pintor aborigen, marginado por su condición de inferioridad (llamado “negro” en Australia), y es el místico/artístico habitante de los alrededores. La lavandera, que descubre la carroza del bien tras escuchar una pieza de Bach en la catedral, que con sus manos enceradas, su cuerpo robusto y su ignorancia es, en palabras del escritor, “la más positiva evidencia del bien en sencillez”. La solterona fea dueña de una heredad en ruinas, el espíritu de la tierra de la novela, que ve la salvación durante sus «instants» de locura; y finalmente el judío inmigrante Himmelfarb, que logra escapar de las cámaras de gas de Auschwitz que encuentra al bien precisamente mientras los aliados bombardean su pueblo natal, y aunque ha buscado el secreto al éxtasis espiritual en los libros, solo en la bestialidad del hombre encuentra todas las respuestas. “El intelecto”, dice, “nos ha fallado”.
Esta novela estudia a cuatro personas a punto de caer en las manos de la maldad, que no es otra que la persecución de los fuertes a los débiles, precisamente en manos de una sociedad completamente mediocre, seducida por la oscuridad de sus instintos. La ironía crítica aparece cuando Himmelfarb es crucificado absurdamente por un grupo de obreros borrachos, pero ya trescientas páginas antes White lo advertía con un “…la guerra había terminado y la paz aún estaba muy fresca” y, refiriéndose a las ramas de la maleza, un disfraz para la civilización, “…dejaban entrever que el enemigo “quizá” (las comillas son mías) no había sido desarmado” por completo.
White detestaba el calificativo de intelectual, y alguna vez riñó “lo peor que le puede pasar a un escritor es que lo llamen intelectual: el más estéril de todos los seres”. Siempre habló de las dualidades humanas en cuanto al bien y el mal, traducidos en poderes, constitutivos de los aspectos positivo/negativo del ser: una, el instinto destructivo, y el otro como acto regenerativo y creativo. Los buscadores de Patrick White no son capitanes Cooks en busca de nuevas riberas: se cimientan en la más clara noción de exploración mental que, finalmente, ante las absurdas convenciones sociales demasiado rígidas, demasiado perversas, permiten su viaje desde un status quo de sufrimiento, hasta un final no más triste, no obstante rescatador.

Conclusión
En 1968, Domingo Pérez Minik, en su libro “Introducción a la novela inglesa actual” abrió el debate sobre la religiosidad de William Golding, confeso católico. “Su catolicismo no tiene nada que ver con el de Newman, Chesterton o Graham Greene. Habrá que meterlo en el Purgatorio para que nos diga la verdad, si es capaz de resistirlo. Sería muy discutible aplicar el nombre de literatura negra a esta obra. Hay un viento de esperanza que lo inunda. O se trata de un cristiano o de un marxista renegado”. Pero más que una clasificación estilística o formal, Golding requiere un agrupamiento existencial. Se encuentra más cerca de Joseph Conrad y de Herman Melville y de sus universos morales, que de cualquier otro autor de su generación, los cuales ignoraba. Sin embargo, en una famosa entrevista reconoció conocer a Patrick White tanto como persona como obra, y admirar en particular la temática de la misma.
Golding y White se interesan, de cierto modo, por la metafísica del comportamiento. No son ya simplemente novelistas sociales que intentan ver la reacción del hombre frente a determinada sociedad, sino dos escritores metafísicos interesados en los estados del ser y en los aspectos de la supervivencia de esa misma sociedad. En un sentido amplio, su obra es existencial, y en el caso de Golding la similitud de “Free Fall” (Caída libre) con La caída de Camus no obedece a una circunstancia fortuita. Como lo explica el crítico Frederick R. Karl en “La novela inglesa contemporánea”: “ambos escritores están interesados en el orgullo y en sus letales consecuencias; ambos han creado Faustos contemporáneos — ¿por qué fútil recompensa vende su alma el hombre moderno?—, y ambos tratan a sus respectivos personajes centrales con ironía, convencidos de que la falta es más considerable en un mundo que no castiga la trasgresión que en otro que la penaliza con severidad.” Así, estos escritores son, en cierto modo, moralistas, a pesar de que White mantuvo que el escritor mensajero es el escritor sin ningún arte.
No toda oscuridad es negror, y no toda luz es claridad. Como en “The Living and the Dead” de Patrick White y “The Pyramid” de William Golding, nuestra vida se vuelve contra nosotros cuando se ha vivido sin comprensión. El tema es similar en "The Solid Mandala" (Las esferas del mandala, 1966) de White, ahora bajo la forma de dos hermanos, unidos y antagónicos a la vez, condenados a vivir juntos toda la vida, cuya única oscuridad se resuelve, ya en el final, por la vía del mito de Caín y Abel. El vivir por vivir, que carece de todo sentido. La secuencia de acontecimientos que han llevado hasta el momento crítico en el que Kitty Standish u Oliver se ven obligados a repasar su vida para intentar entender, comprender cómo han llegado al punto en el que se encuentran, cómo sus vidas se han ido deslizando por una pendiente imperceptible. El horror que provoca el repaso consciente hace que se conviertan en seres irreconocibles para ellos mismos.
En “The Paper Men” (Hombres de papel, 1985), Golding escribió: “No comprendemos muchas cosas de las que hacemos, ¿verdad?". Ese proceso de auto comprensión es característico de los protagonistas de Golding y en esto se asemejan al aura-ironía reveladora que White y Dostoievski plasmaron con maestría en sus historias. En sus novelas, Golding repetía el mismo mensaje: la humanidad es un estado frágil que se ve puesto en evidencia por la presencia del mal. En ambos escritores británicos el pequeño delito y el gran delito no son más que cuestiones de grado que revelan una propensión irracional hacia el mal, pero que está presente en la civilización humana. Así, las obras de Golding, por su parte, no muestran grandes delitos, sino el gran escándalo del hombre mancillando su propia humanidad en su fascinación por "el señor de las moscas", del hebreo Ba’alzevuv, Beelzebub en griego, un diablo cuyo nombre sugiere decadencia, destrucción, desmoralización, histeria y pánico. En la obra de White el diablo no cuenta con fascinados sino hipócritas que se hacen pasar por santos, el equivalente moderno a la anárquica, amoral fuerza conductora que los Freudianos llaman el Id, cuya única función parece ser la de asegurarse de la supervivencia del anfitrión en el cual se exterioriza, dentro de los parámetros sociales, pero cuya función se desarrolla con enorme tenacidad al atisbo de debilidad. Sencillamente el opuesto a las teorías Darvinistas, luego repensadas por Hitler, de la supervivencia de los hombres más fuertes, pues sencillamente se trata del hombre, y su sociedad, como entidades malignas. A pesar de que puede encontrarse muchos otros calificativos a esta faceta humana, ya sean sacados de la teología o el psicoanálisis, inevitablemente incluye a esta fuerza o estructura síquica como un principio fundamental de nuestra naturaleza. Dostoievsky encontró la salvación en esta libertad, aunque también la maldición. Yeats encontró en ella la única fuente de genio creativo (“Whatever flames upon the night, / Man’s own resinous heart has fed”). Conrad se afligió con el “heart of darkness” y los existencialistas encuentran en la negación de esta libertad la fuente de la perversión a todos los valores humanos.
En sus novelas, Golding y White someten a sus personajes al peor castigo: el proceso de auto comprensión, el espejo que refleja el rostro moral deforme. Es así como en “El señor de las moscas”, William Golding analiza minuciosamente los defectos de la sociedad, regresando a la etapa primitiva, para mirar los defectos generadores de la naturaleza humana. La forma moral de una sociedad depende de la naturaleza ética de sus individuos, que está estrechamente ligado al desarrollo moral de la misma. Por ello, “las personas son muros alrededor de nosotros, no filosofías”.
Desde el plano político, las primeras novelas ― casi sátiras― de Golding interrogan las construcciones de identidad nacional (especialmente la británica) en contraposición con el Nazismo y la “personalidad totalitaria” adoptada por una estructura social. En cambio, Patrick White explorará la misma geografía para interrogar los alcances del “australianismo”, con todos sus prejuicios, en cuanto al excesivo conservadurismo de una sociedad negada a evolucionar tras su independencia.
En “Riders in the Chariot” (El carro de los elegidos, 1961), Patrick White escribió: «A veces, los intrusos detenían sus vehículos e iban a buscar agua. Ella les había visto sumergirse en las pilas horadadas en la roca, secretas, negras y heladas, y sin embargo, continuar prisioneros de su carne de gallina y de su despecho. Mientras que ella, Miss Hare, cuyos ojos siempre florecían, cuyos dedos palpaban, llegaba hasta el éxtasis de una aniquilación completa, liberadora, sin haber recurrido a tales inmersiones». Es una filosofía simple, tal vez idealista, pero muy profunda: ver lo extraordinario tras lo ordinario, la poesía y el misterio, porque si bien, todo está envuelto de misterios. Las preguntas básicas no sobran, y jamás serán completamente respondidas, mientras las generaciones nuevas empujen a las más viejas, respuestas que el hombre debe buscar en su interior si es que quiere salir del túnel de la vida y alcanzar la lucidez existencial.
Por ello, queda demostrado que la presunta oscuridad que muchos le atribuyen a estos dos autores no es completamente cierta, puesto que al fin y al cabo nuestro equilibrio ontológico consiste también en el desajuste, tal vez en mayor medida, y precisamente es el estudio del lado macabro del ser humano el que convierte a estas novelas en clásicos de la filosofía, la antropología y la sociología.